Dios camina en el jardín

Después de la creación de los primeros seres humanos, debemos considerar que las cosas en la tierra probablemente se veían diferentes de cómo se ven hoy. Probablemente muy diferentes. Esto se debe a que el pecado aún no había entrado en nuestro mundo. En otras palabras, al principio, todo era perfecto.

No había enfermedad, destrucción ni muerte. Tampoco había contaminación en nuestro planeta. Todo era nuevo y floreciente. Pero para el capítulo 3 de Génesis, vemos cómo las cosas comenzaron a cambiar drásticamente.

El hombre desobedeció a Dios y el pecado entró en el mundo. Nuestros primeros padres, Adán y Eva, pasaron de estar desnudos y no avergonzarse (Génesis 2:25), a estar desnudos y tener miedo (Génesis 3:10).

Hay un detalle en el texto que quiero examinar. Se encuentra en el siguiente versículo:

Génesis 3:8

[8] Y oyeron la voz de Jehová Dios que se paseaba en el huerto al aire del día; y el hombre y su mujer se escondieron de la presencia de Jehová Dios entre los árboles del huerto. (RVR1960)

Este texto nos dice que Dios caminaba en el huerto al aire del día. Tenemos que preguntarnos si esto describe literalmente las acciones de Dios o si es algo figurativo. En cualquier caso, este acto de Dios caminando en el huerto donde había puesto al hombre que creó, señala que Dios deseaba una relación cercana con el hombre.

Dios hizo al hombre a su imagen y semejanza, lo cual nos indica que el hombre debía tener comunión con Dios de la misma manera que el Dios Trino está en perfecta comunidad consigo mismo como Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Desde el principio, Dios siempre ha querido tener una relación cercana con los seres humanos. Pero el pecado separó a la humanidad de Dios. Eventualmente, Dios trataría con el pecado y la muerte de manera definitiva en la persona de Cristo Jesús, quien vino a la tierra para renovar el mundo que Dios creó.

Jesús vino para deshacer el daño y la destrucción que el pecado y la muerte causaron en la tierra. Este plan todavía se está llevando a cabo, pero Dios promete completar algún día su obra de redención mediante la renovación de todas las cosas.

Ya no tenemos que estar desnudos y tener miedo, ni escondernos de la presencia de Dios. Podemos participar de la justicia de Jesús y tener una relación correcta con Dios. Jesús promete cubrirnos y no avergonzarse de nosotros. Así como al principio, ahora podemos tener una relación cercana con Dios.

Hagamos al hombre

Mientras Dios estaba creando el mundo y todo lo que hay en el, él hizo al hombre en el sexto y último día de la creación. Quiero centrarme en lo que el texto nos dice acerca de Dios en la creación del hombre.

Miremos el texto:

Génesis 1:26
[26] Entonces dijo Dios: «Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza. Y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en los animales domésticos, en toda la tierra, y en todo reptil que se arrastra sobre la tierra.» (RVR)

Notamos que hay un diálogo interno. En todos los otros días de la creación, y en todas las demás cosas creadas que Dios hizo, él simplemente las habló a la existencia. Pero algo cambia cuando Dios crea al hombre. Dios habla consigo mismo.

Ahora sabemos que este es el Dios Trino (Padre, Hijo, Espíritu Santo) discutiendo la creación del hombre. Detengámonos allí por un momento.

Ninguna persona de la Trinidad actúa por su cuenta para crear al hombre. En su lugar, hay un llamado a unirse en la creación del hombre: «Hagamos». Aquí hay una comunidad perfecta. Perfecta unidad en la Trinidad (Dios el Padre, Dios el Hijo, Dios el Espíritu Santo). Ninguna persona de la Trinidad se opuso a la propuesta. El Dios Trino estaba de acuerdo con el plan de crear al hombre, y es a partir de esta perfecta comunión, acuerdo y unidad, que el hombre fue creado.

La Biblia nos enseña que Dios es amor (1 Juan 4:8), y es este Dios de amor, el Dios Trino, quien se unió para crear al hombre. El hombre fue hecho por amor. No de carencia, sino de abundancia. El hombre fue creado de manera reflexiva, intencionada. Por esto, el hombre puede estar seguro de su lugar en el mundo. Por esto, el hombre también puede caminar con seguridad sabiendo que fue deseado cuando fue creado.

Por esto, el hombre también puede unirse con otros para lograr grandes cosas. El hombre puede llamar a sus semejantes y decir: «Hagamos», y caminar en unidad.