Mientras Dios estaba creando el mundo y todo lo que hay en el, él hizo al hombre en el sexto y último día de la creación. Quiero centrarme en lo que el texto nos dice acerca de Dios en la creación del hombre.
Miremos el texto:
Génesis 1:26
[26] Entonces dijo Dios: «Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza. Y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en los animales domésticos, en toda la tierra, y en todo reptil que se arrastra sobre la tierra.» (RVR)
Notamos que hay un diálogo interno. En todos los otros días de la creación, y en todas las demás cosas creadas que Dios hizo, él simplemente las habló a la existencia. Pero algo cambia cuando Dios crea al hombre. Dios habla consigo mismo.
Ahora sabemos que este es el Dios Trino (Padre, Hijo, Espíritu Santo) discutiendo la creación del hombre. Detengámonos allí por un momento.
Ninguna persona de la Trinidad actúa por su cuenta para crear al hombre. En su lugar, hay un llamado a unirse en la creación del hombre: «Hagamos». Aquí hay una comunidad perfecta. Perfecta unidad en la Trinidad (Dios el Padre, Dios el Hijo, Dios el Espíritu Santo). Ninguna persona de la Trinidad se opuso a la propuesta. El Dios Trino estaba de acuerdo con el plan de crear al hombre, y es a partir de esta perfecta comunión, acuerdo y unidad, que el hombre fue creado.
La Biblia nos enseña que Dios es amor (1 Juan 4:8), y es este Dios de amor, el Dios Trino, quien se unió para crear al hombre. El hombre fue hecho por amor. No de carencia, sino de abundancia. El hombre fue creado de manera reflexiva, intencionada. Por esto, el hombre puede estar seguro de su lugar en el mundo. Por esto, el hombre también puede caminar con seguridad sabiendo que fue deseado cuando fue creado.
Por esto, el hombre también puede unirse con otros para lograr grandes cosas. El hombre puede llamar a sus semejantes y decir: «Hagamos», y caminar en unidad.
